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Desde el 1 de octubre en Chile ya no es obligatorio el uso de mascarillas, salvo en recintos de salud. La medida se notó inmediatamente y en las calles vemos a la mayoría sin cubrir boca y nariz. Sin embargo, aún es posible ver personas usando cubrebocas. La pregunta es ¿por qué a algunos aún les cuesta dejar de lado este implemento de seguridad?
En algunos casos, la continuidad del uso de la mascarilla está dado por recomendación médica, sobre todo en pacientes inmunodeprimidos, con síntomas de Covid-19 o adultos mayores. Pero hay otro segmento de la población, que pudiendo dejar la mascarilla, persiste en su uso.
Para la psicóloga de Clínica Las Condes, Lorena Ceballos, tras esta conducta podría haber diversas causas. Una de ellas, el temor excesivo e incluso irracional de entrar en contacto con gérmenes y enfermar. Es lo que se conoce como misofobia.
“La misofobia consiste en un miedo irracional a entrar en contacto con gérmenes como virus, bacterias, etc. El problema se produce cuando el temor se transforma en fobia, interfiriendo la vida de las personas debido a su intensidad o la duración de este miedo en el tiempo. Vale decir, cuando afecta significativamente la calidad de vida de alguien en su día a día”, aclara la especialista.
Esa sería una de las causas tras la negativa de algunas personas a quitarse la mascarilla, incluso en espacios abiertos. “Tras más de 2 años usando la mascarilla, la mayoría se habituó, entonces la gente piensa ¿para qué me voy a arriesgar ahora? Las personas aprendieron a encontrar seguridad en la mascarilla y el alcohol gel, medidas que hemos ejecutado de manera constante por más de 30 meses. Durante todo este tiempo, nuestra salud y hasta la vida dependió de su uso, en especial para quienes hayan tenido alguna experiencia traumática con el Covid-19,” sostiene la psicóloga CLC.
A eso se suma que existe toda una “generación pandemia” en particular niñas, niños y adolescentes que empezaron a usar la mascarilla en pleno proceso de construcción de su autoimagen, de su identidad, por lo que el dejar de usarlas de un día para otro les hace sentir no sólo desprotegidos sino expuestos.
Pero la misofobia no es el único trastorno que puede estar tras esta sensación de inseguridad que genera el adiós a la mascarilla. Para la psicóloga Lorena Ceballos, también existen otras patologías como la nosofobia, donde hay un miedo excesivo a contraer una enfermedad específica, o la hipocondría, donde existe la certeza irracional de estar enfermo de algo grave y donde se da un exceso de atención a las manifestaciones físicas que sirven para alimentar esa idea fija.
“La manera de poder diagnosticar alguna de esas fobias es a través de una consulta al especialista (psicólogo o psiquiatra). Generalmente, este tipo de patologías encubren experiencias traumáticas muy tempranas, incluso en el vientre materno, o pueden ser una expresión de un problema mayor, que implique comorbilidades a tratar”, detalla la psicóloga CLC.
La especialista, además, sostiene que este tipo de cuadros tienen tratamientos con resultados exitosos que consisten en la combinación de psicoterapia y farmacoterapia que permite aliviar la sintomatología y mantener este alivio en el mediano y largo plazo.


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