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Chile ha avanzado de forma importante y con un compromiso que ha trascendido al gobierno bajo la convicción de descarbonizar la matriz energética, destacándose en la generación fotovoltaica y eólica, a la que se suma el impulso para desarrollar una industria de hidrógeno verde. Según datos de Bnamericas, a abril del 2022 se han presentado a evaluación ambiental o acogido a trámite, 42 proyectos energéticos con un requerimiento de inversión de US$3.869 millones.

Pese a lo importante de continuar potenciando su uso y transición, es importante entender que estas energías cargan con una importante paradoja, que va desde su desarrollo y su uso que puede llegar a no ser tan limpio.

Primero, el desarrollo y producción de los equipamientos que hacen realidad a las energías limpias requieren incrementar la extracción de materias primas, como metales, minerales, vidrio y polímeros, que son parte esencial de sus componentes. Por lo tanto, si las industrias que proveen dichas materias primas no son carbono neutral, se pierde parte de la contribución.

“Las materias primas viajan largas distancias desde los centros de extracción hacia los de producción, los que posteriormente envían los productos terminados al mundo por sistemas logísticos de alta huella de carbono. Y, una vez en los países de destino, estos equipamientos requieren un nuevo sistema logístico para su instalación y puesta en funcionamiento que reproduce parte del ciclo anterior sumando más emisiones de gases de efecto invernadero” asegura Andree Henriquez, Director Ejecutivo de CircularTec.

Además, el experto agrega que “como cualquier otro bien, estos equipamientos tienen un ciclo de vida que una vez cumplido genera residuos y, mientras más grande la industria, más grande la cantidad de residuos. Se requerirá adquirir nuevos equipamientos que reemplacen a los anteriores, reproduciendo todo el primer ciclo”

Por otra parte, los habitantes y territorios que contribuyen a la generación de las energías limpias pagarán un alto costo social y ambiental al transformarse en gigantescos cementerios de residuos industriales que afectarán la licencia para operar de estas industrias en los territorios. De hecho, los trabajos de los profesores Rodrigo Palma e Iván Rosas de la Universidad de Chile han estimado que se generarán al 2050 cerca de 1 millón de toneladas acumuladas solo en paneles solares.

“Por ningún motivo debemos detener las Energías Renovables No Convencionales, porque son parte esencial para luchar contra el cambio climático y debemos intensificar su uso. Pero para resolver esta paradoja, debemos salir del concepto de energías limpias y acercarnos a la implementación de la economía circular en industrias como la minería, transportes, construcción, químicas, entre otras, para que la generación de energías limpias pueda aportar todo su potencial sin cargar con las emisiones de estas industrias. Por eso la mirada sistémica es esencial” define Henriquez.

Asimismo, la economía circular abre posibilidades para repensar el diseño de equipamientos, partes e insumos, que son utilizados por las energías limpias, que permitan implementar procesos de remanufactura, reutilización y reciclaje para que nada se transforme en un desecho y retengamos valor.

En el mismo sentido, el impulso de mercados secundarios que utilicen los residuos como insumos de producción, permite crear nuevos negocios, generar empleo e impulsar la investigación e innovación que pensados desde una lógica territorial, son una oportunidad para el desarrollo de las economías regionales.

Todo lo anterior ya se comienza a vislumbrar en diversos países a nivel internacional y en Chile se deberá trabajar conjuntamente para acelerar la transición, porque la paradoja de las energías limpias se resuelve con la economía circular para seguir en la lucha contra el cambio climático y el desarrollo del país.


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